Personajes de Montecristi
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Oriundo de San Francisco de Macorís, en el centro de la región del Cibao Dominicano, El Dr. Kunhardt llega a Montecristi en el año 1945 a cubrir una vacante como médico general al Hospital Padre Fantino. Ya se había desempeñado como médico en la ciudad fronteriza del sur, Jimaní. Casado hace 45 años con la Lic. Irma Grullón Peralta, procrearon cuatro hijos, dos varones, Eric y Rudy, el primero Ingeniero Nuclear destacado en los Estados Unidos, reconocido como un gran científico en el área de la investigación de la transmisión de electricidad en el plasma y el segundo, médico como su padre y dos hembras, Janet, prominente psicóloga y Tania, médico, ambas establecidas en Santo Domingo. Desempeñó las funciones de director de este centro hospitalario por 41 años ininterrumpidos y además fue Presidente del Ayuntamiento del Municipio de Montecristi y Gobernador Provincial por 10 años. Actualmente, retirado de las funciones oficiales, mantiene su consulta particular, a la que asisten cada día más de cien personas, en procura de salud.
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Foto del prominente médico, que ejerció ese apostolado por más de 50 años en la ciudad de Montecristi. |
Tres anécdotas de Kunhardt
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Un letrero al revés En una ocasión en la que el Hospital Padre Fantino de Montecristi, de cuyo Centro de Salud tenía más de 40 años como director llegó una ambulancia donada por una ciudad de los Estados Unidos, en el momento de recibir el moderno vehículo, el Dr. Kunhardt observó que en el frente de la misma, justo encima del vidrio delantero, tenía pintada la palabra AMBULANCIA, pero al revés. Después de los festejos y los discursos de agradecimiento por tan útil equipo hospitalario, dio instrucciones de que inmediatamente le fuera removido el rótulo, para pintarlo de nuevo como debía ser. No transcurrió ni una hora cuando ya el pintor estaba terminando la faena, tal y como se lo habían encomendado. Momento en el que llegó al patio del hospital un "observador entrometido" y le dice: -Pero Doctor ¿Qué le están haciendo a ese letrero? -Pues pintándolo correctamente, porque vino con las letras al revés. -Ay no Doctor, lo que pasa es que las letras se ponen al revés, para advertir a los conductores que van delante, que se trata de una ambulancia y cuando éstos ven por el espejo retrovisor, el letrero que normalmente está al revés, se ve correctamente. Un sumiso Juan Enrique, dentro de su confusión, tuvo que admitir el error y ordenar de inmediato al pintor, que borrara lo que estaba terminando e iniciara de nuevo el trabajo hasta dejarlo como estaba antes.
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Un escape de aceite El Dr. Kunhardt era muy estricto en la administración de todos los bienes y equipos del Hospital Padre Fantino. Llevaba todas las cuentas de lo que se compraba, desde las medicinas hasta las escobas. Para ahorrar recursos, reciclaba algunos utensilios, convirtiendo sábanas viejas en trapos para limpiar y secar los pisos. En la cocina llevaba un control esmerado con las mercancías, entregando personalmente el arroz, la carne, los huevos, la leche a las cocineras. Pero en una ocasión tenía un déficit en el aceite y no había forma de establecer porqué se gastaban tan rápido las latas de ese alimento. Después de varios días de observación pudo comprobar que varias de las trabajadoras de la cocina, traían desde sus casas unas pequeñas soperas y otros utensilios, bajo el supuesto de que en esas vasijas, llevaban a sus casas, el desayuno para sus hijos, consistente siempre en un puré de plátanos verdes que aqui denominamos "mangú", adornado con un huevo frito o hervido en la parte superior del recipiente y así pasaban inadvertido el verdadero contenido. No le costó mucho trabajo al Doctor, apostado en la puerta de salida de la cocina, comenzar a revisar las soperas para comprobar, que el método consistía en llenar de aceite, casi hasta el borde, dichos utensilios y poner encima el mangú, que casi flotaba en un "mar de aceite". El castigo fue severo, pero desde ese día, ninguna cocinera volvió a llevar el desayuno a su casa.
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¡Lo Dijo Kunhardt y ya... ! Es tanta la credibilidad en la palabra del Dr. Kunhardt en la región, que eran cientos, las personas que semanalmente le visitaban, en su consultorio particular, no solo para examinarse sobre problemas de salud, sino, que además le consultaban sobre los tópicos más diversos. Y para la mayoría, lo que decía Kunhardt, eso creían y eso hacían. Allá por los años 60, ocurrió en el Hospital Padre Fantino el hecho siguiente: Había fallecido un señor procedente de la frontera, y cuando aún esperaban los familiares, dejaron al cadáver acostado en una de las salas, junto a otros pacientes y arropado con una sábana blanca. Un empleado recibió las instrucciones para que introdujera al cadáver en el ataúd, y éste, muy presto subió a cumplir su encomienda, buscando el muerte y bajándolo en una camilla. Cuando ya en la morgue, estaba procediendo a clavar la tapa, el empleado escucha una voz que desde adentro del ataúd le gritaba: ¡Hey, Pare! ¿Qué está haciendo? Yo estoy vivo, solo que estoy enfermo y estaba durmiendo. Pero el tosco y disciplinado empleado le respondió: -Cállese, El Dr. Kunhardt dijo que usted estaba muerto y muerto se queda. Suerte tuvo el enfermo que en esos momentos, se presentó el médico y a las quejas de los demás ocupantes de la sala, intervino para impedir que en poco tiempo, este vivo fuera enterrado... porque Kunhardt dijo que estaba muerto... |
Otra foto actual del eminente galeno Montecristeño, Juan Enrique Kunhardt Oleaga. |
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