Con el orgullo del perro

por Salvador Tabaré Peña

 

Con el advenimiento del doctor Joaquín Balaguer a la presidencia de la republica en 1966, comenzó el deterioro de la educación académica en el país. Pues, se abandono la práctica de establecer una política educativa que involucrara a toda la nación, con una estrategia definida por las más altas autoridades y unos objetivos específicos.

 En cambio se estableció la práctica de designar al frente de la secretaría de educación a una señora mayor con alguna experiencia docente, otorgarle unos fondos y esperar, a ver como le va. Practica que ha sido seguida por todos los gobernantes que hemos tenido en los últimos cuarenta años, en los cuales hemos visto fracasar planes, quinquenales, decenales y ahora, como si estos plazos fueran muy breves, entre la gente ligada a la educación estamos oyendo hablar de los objetivos del milenio.

 En estos días, ha causado agitación entre las autoridades del sector educativo, las declaraciones de la representante de la USAID en el país, señora Helena Brinneman quien declaro que la educación dominicana ha fracasado.

 Para la señora Brinneman, llegar a esta conclusión, de seguro le basto hacer un rápido análisis basado en tres interrogantes.

¿Para que sirve un egresado de la educación primaria e intermedia?

Para nada.

¿Para la sirve un bachiller? Para ingresar a una universidad y para más nada.

¿Para que sirve un profesional egresado de casi todas las universidades diseminadas por todos los rincones del territorio nacional? Con contadas excepciones, para casi nada.

 Es por eso que debe establecerse desde las más altas instancias del poder, una estrategia para que los egresados de cualquier nivel de educación académica, adquieran alguna destreza que le permita incorporarse al sistema productivo y aportar al crecimiento económico y social del país.

 Establecida la estrategia, yo, que nunca he sido docente, pienso que las tácticas a seguir son:

 En el nivel primario, establecer la enseñanza obligatoria del idioma ingles, a fin de que en poco tiempo todos los egresados de octavo grado sean bilingües.

 En el nivel secundario, establecer un quinto año para incorporar al individuo una destreza manual, de manera que los egresados sean bachiller y plomero, músico, albañil, etc.

 En el nivel universitario,  especializar los fondos estatales que se otorgan a las universidades, para que sean dedicados a las carreras que el país necesita para su desarrollo.  

 Por ejemplo: la enseñanza de la ingeniería de sistema, electrónica, telemática, etc. Debe ser cubierta casi en su totalidad por el estado, mientras  que la de derecho, mercadeo, odontología, arquitectura, etc., debe ser cubierta totalmente por el interesado en adquirir esos conocimientos.

 Si persiguiéramos esos objetivos mínimos, en poco tiempo notaríamos que ese esfuerzo se traduciría en bienestar y desarrollo para el país, ya que veríamos como aumentaría el valor de las remesas enviadas por los dominicanos que emigran, pues su educación le permitiría tener acceso a mejores trabajos en su lugar de destino, cualquiera que sea la actividad a la que se dediquen y como crecería la micro, pequeña y mediana empresa, con el esfuerzo de todos esos jóvenes que hoy se agolpan en las puertas de los lugares que ofertan empleos pero que cuando se le pregunta que saben hacer siempre dan la misma respuesta, yo hago lo que sea.

 No debemos fijarnos en los que están peores que nosotros, sino en los que tienen mejor posición y tratar de imitarlos.

Así, dentro de diez o doce años, cuando recibamos la visita de la representante de la USAID no tendría nuestra secretaria de educación, que estar detrás de los medios de comunicación explicando que estamos mejor que trenta países africanos, ocho asiáticos y tres americanos, pues, tratar de justificar nuestra miseria con el argumento de que hay otros

en peor estado, no es mas que ir por la vida con el orgullo del perro que mientras mas levanta el rabo, mas muestra sus partes pudendas.

 Salvador Tabaré Peña.

24/06/06

 

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