PERSONAJES DE MONTECRISTI

Plinio Almonte, hoy fallecido hace unos años.

Uno de los personajes más conocidos y pintorescos de Montecristi, es sin dudas, Plinio Almonte. Con sus ochenta y seis años cumplidos vivió  una vida muy variada e intensa, realizando las más disímiles ocupaciones, pero siempre con el mejor humor y dando a los demás, el trato más respetuoso y cariñoso.

Cara de cucú, como muchos le dicen,  fue siempre un moreno espigado, con un cuerpo fornido, del cual hacía alarde hasta pocos años antes. Se ufanaba de que podía levantar un objeto de dos y tres quintales con un solo brazo.

Plinio no supo de tiempo muerto ni de vagancia, y en toda su intensa y agitada vida, se dedicó a las labores más diversas, siempre buscando el pan a base del esfuerzo honesto.

Nació en la calle José Antonio Salcedo, de la ciudad de Montecristi y desde sus primeros años se inició como tabaquero en la fábrica de cigarros "Cumina", famosa en toda la región y propiedad que fue de Don José Morel Brea. Alternó esta actividad con trabajos en el muelle de Montecristi, y participó como albañil en casi todas las obras perdurables de esta ciudad, como lo son el edifico de Correos, el antiguo Teatro Victoria, el viejo edificio del Banco de Reservas, el Hospital Padre Fantino. Los últimos 24 años de su vida fue empleado del "Club del Comercio, Inc.", hasta la fecha en que pudo retirarse con una pequeña pensión, hace apenas unos 5 años.    

Hoy, abatido por la vida, con problemas de visión y de audición, solo espera, con resignación, en la tranquilidad de su hogar, la señal ineludible de partir. Pero aún así, conserva un optimismo y un deseo de vivir sorprendente.

Contando la historia de Plinio podríamos llenar varios volúmenes. En esta entrega solo vamos a incluir algunas de las más conocidas anécdotas, de las tantas que se cuentan sobre las proezas, vicisitudes, actitudes y peripecias de este interesante personaje de Montecristi.

Cuando vino la Televisión

Corría la década de los años 1960 y fueron los tiempos en que se iniciaron las transmisiones de la señal de la televisión en la ciudad de Montecristi.

Plinio, que a pesar de no haber recibido una esmerada educación escolar, siempre ha sido una persona apegado a una disciplina familiar, le había dado instrucciones a sus hijos de que no molestaran las casas de los vecinos para ver "esa nueva cuestión que está ahora que se ven gentes moviéndose y cantando". Los hijos, niños en esa época, no le dejaban tranquilo procurando que él comprara un receptor de televisión, para ellos poder estar a la moda, viendo sus programas. Tanto insistieron, hasta que con gran esfuerzo, pudo sacar a crédito el ansiado televisor, pero el no conocía bien que era aquello.

En los días siguientes se mostraba orgulloso en contar a sus amigos: "Ya mis hijos no tienen que estar molestando en casas ajenas, porque yo les compre un teatrico". La palabra se hizo famosa en el pueblo y aún hay algunas personas que para referirse al receptor de televisión, le denominan "el teatrico de Plinio".

 

 

Cuestión de Inmortalidad

Mientras trabajó como gobernador del Club del Comercio, Plinio Almonte vio pasar por sus salones, no solamente las grandes y faustuosas fiestas, pero también actos culturales, recitales, exposiciones y conferencias.

Y él era uno de los que no se perdía ni una palabra de lo que allí se trataba. Después de cada actividad se pasaba algunos días comentando el tema que habían tratado y haciendo gala de haber entendido todo el contenido.

 En una de las ocasiones en que se dictó una Conferencia Magistral sobre "El destino del Hombre y la Inmortalidad", no fue una excepción a su costumbre. Pero a pesar de que quizás entendió el contenido, se le escapó la forma correcta de pronunciar las palabras. A partir de esa fecha, siempre le predicó, especialmente a sus hijos, el don de la inmortalidad, por lo que ellos, orgullos de esos conceptos tan profundos, le contaban a los maestros y a los amigos:  "Papá dice que nosotros somos inmoribles"

Y con ese término, quizás inventado sin querer, por la mente ruda del amigo Plinio, se conoce a su descendencia, es decir, todos los amigos le llaman: "Los inmoribles"

 

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