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OSVALDO VIRGIL

 

Se cumplieron 52 años debut de Osvaldo Virgil en GL
 por EDGAR ÁLVAREZ

 

El 26 de septiembre de 1956, hace 52 años, debutó el primer dominicano en las Grandes Ligas, abriendo las puertas a cientos de nativos que han desfilado por el mejor béisbol del mundo.
Ese dominicano, nacido en la calle Sánchez del Municipio de San Fernando, de esta provincia, el 17 mayo de 1932, estaba destinado a ser un pionero en muchos aspectos de la vida. Nos referimos a Osvaldo Virgil, popularmente conocido como ‘‘El Orégano’’.
La familia de Virgil había partido a los Estados Unidos cuando éste tenía apenas 13 años, es decir a fines de 1945, estableciendo su residencia en el área de New Jersey.
Allí se instaló la familia, Virgil continuó sus estudios y a los 14 años comienza a practicar lo que sería su gran pasión, el béisbol.
Sin embargo, respondiendo al servicio militar obligatorio en los Estados Unidos tuvo que partir a la guerra de Corea a los 18 años. Se desempeñó como timonel de lanchas de desembarco, obteniendo el rango de sargento en el ejército norteamericano. De esta experiencia obtuvo grandes vivencias que le servirían para toda la vida.
A los 19 años, de regreso a los Estados Unidos, Virgil continúa desarrollando su carrera en el béisbol y es observado por los grandes equipos, hasta que por fin es firmado por George Marsk, para los Gigantes de Nueva York.
En esta época las grandes ligas tenían varias clasificaciones y Osvaldo Virgil jugó en la clase A, doble A, triple A y finalmente es llamado al equipo grande en septiembre de 1956, convirtiéndose para orgullo nacional en el primer dominicano en la gran carpa.
 

El debut


Su gran pasión y esfuerzo en el béisbol empezaban a dar sus frutos. Su debut se produjo el 26 de septiembre de 1956.
El 20 de enero de 1958 Virgil fue cambiado a los Tigres de Detroit, de la Liga Americana. Como en su vida estaba destinado a ser pionero, fue también el primer negro en jugar con Detroit, un equipo que se resistió durante mucho tiempo a contratar jugadores de color en su staff, para su satisfacción y gloria del país.
En el primer juego en que participó con Detroit bateó de 5-5 incluyendo dos dobles, frente al gran pitcher cubano Camilo Pascual.
Exceptuando la de pitcher, Virgil jugó todas las posiciones, especialmente la tercera base y la receptoría.
Se le consideró un jugador utility de gran valor. Fue compañero de equipo de Felipe, Mateo y Jesús Rojas Alou, Juan Marichal, Manuel Mota y Ricardo Carty. Su promedio de por vida fue .231.
En 1968 se retiró como jugador activo de Grandes Ligas, y en 1969 comienza su papel como coach, trabajando con diferentes equipos durante 20 temporadas convirtiéndose también en este aspecto en pionero, al ser primer coach dominicano en liga mayor.
Entre los equipos que ocupó esta pocision se encuentran Gigantes de San Francisco, Expos de Montreal, Padres de San Diego y Marineros de Seatlle.
 

Primer manager
 

Sin proponérselo, y aunque fuese de manera provisional, se convirtió en el primer dominicano en dirigir un equipo de Grandes Ligas, al dirigir 10 juegos a San Diego en la temporada de 1984, año en que asistieron a la serie mundial.
Pero los triunfos del dominicano no se circunscriben a las Grandes Ligas.
Es también el primer y único dominicano en dirigir equipos de béisbol en las cuatros ligas del Caribe: en Puerto Rico dirigió a Mayagüez, en Venezuela 4 equipos, Caracas, La Guaira, Aragua y el Barquisimeto; en México Mazatlán y en la República Dominicana a las Águilas, el Escogido y Gigantes del Cibao.
Su gran empeño ha sido devolverle al país y especialmente a Monte Cristi, algo de lo que ha sido su productiva vida, trayendo equipos de béisbol para que ofrezcan clínicas de entrenamientos. Ha donado centenares de útiles deportivos a ligas e instituciones de todo el país, especialmente de esta provincia.

Entre el béisbol y la pesca


A sus 73 años, conserva la energía de sus mejores tiempos, asentado en su tierra, Monte Cristi, donde comparte su pasión por el béisbol con su otro gran amor, el mar.
Un 26 de septiembre Virgil debutó, jugando con los Gigantes de New York, contra los Filis de Filadelfia, y fue dominado en cuatro turnos por Curt Simmons.
Pero, al siguiente juego Osvaldo tomó venganza contra los Filis, castigando a Robin Roberts con doble y dos sencillos, siendo los primeros imparables para un criollo en Grandes Ligas.
En esa época era muy difícil que un jugador de color y mucho menos latino actuara en el ‘‘big show’’.
Virgil rompió la barrera, hecho que se recuerda con frecuencia en el beisbol dominicano.
Jugó para los Gigantes, Detroit, Kansas City, Baltimore, Piratas y su último año con San Francisco; siendo su salario más alto como jugador de 18 mil dólares. Es inmortal del Deporte Dominicano.

Sin ser presidente tiene
la placa
Nº 1 de por vida

POR FRANKLIN MIRABAL


En días corridos, mi querido amigo Leo Corporán ha escrito en Te Enteraste, de El Nacional, que se referirá a una columna de Álvaro Arvelo Hijo. Me interesé en buscar esa columna y resulta que fue publicado el viernes 9, pero ese día viajé a San Francisco de Macorís y no la pude leer. ¡Me perdí una joya!.

Pero luego de leerla detenidamente, Alvarito hace una propuesto interesante.

Sugiere que al acercarse el 50 aniversario de su llegada a las Grandes Ligas, es decir, de ser el primer dominicano, eso debe reconocerse.

Al lanzar la idea hace un desglose de todos sus méritos en el deporte. Sumo que Virgil ha sido una de las figuras más marginadas del país.

En Puerto Rico, por ejemplo, el principal estadio lleva el nombre de Hiram Bithorn, el primer boricua en llegar a las Grandes Ligas.

Aquí se planifican muchas cosas en béisbol, se hacen muchos reconocimientos y pocas veces se toma en cuenta a Osvaldo Virgil. ¡Así somos!.

Los hechos en la historia de Osvaldo Virgil encajan perfectamente como si se tratara del caso del anillo amoldado a un dedo. Es aquella que comúnmente se describe como la de estar en el lugar perfecto en el momento correcto. Porque sin haber tenido que triunfar en una competencia determinada, el nativo de Montecristi ha sido el dominicano número uno en variados y prestigiosos escenarios. Regularmente se menciona el nombre de Virgil para recordar que fue el primer nativo de la República Dominicana en alcanzar las Ligas Mayores de Béisbol cuando vistió la camiseta de los Gigantes de Nueva York en 1956.Sin embargo, pocas veces se cita el hecho de que le tocó a Osvaldo romper la barrera racial en el conjunto de los Tigres de Detroit en junio de 1958 –la penúltima franquicia en hacerlo 11 años después del hito de Jackie Robinson–.
Casi nadie recuerda que fue el primer coach criollo en la Gran Carpa con los Gigantes de San Francisco. Y mucho menos aún, que fue este montecristeño de pura cepa el primer dominicano que tuvo el honor de dirigir un equipo de Grandes Ligas en el año 1984. “Yo he sido el primero en muchas cosas, pero pocas veces se ha reconocido que fui el primero que dirigió en las ligas mayores, aunque fuera de manera temporal”, afirma Virgil, quien vive en voluntario retiro a sus 71 años en su pueblo natal. “Pero eso no me molesta, aunque sienta satisfacción interna cuando se menciona el caso.”
La oportunidad de Osvaldo sobrevino en la temporada de 1984, cuando el piloto Dick Williams, de los Padres de San Diego, fue susla placa Nº 1 de por vida Osvaldo Virgil, primer pelotero dominicano en Grandes Ligas pendido por 10 partidos, y le tocó suplantarlo en esas funciones.
Virgil fue lugarteniente del legendario capataz como asistente en tercera base tanto en San Diego como en los equipos de los Expos de Montreal y los Marineros de Seattle.
“Yo inicié mi carrera como coach en San Francisco, donde me desempeñé en el bullpen y recuerdo que calentaba a mi compadre Juan Marichal antes de los partidos”, evoca el otrora jugador del cuadro. “El hecho de haber sido jugador suplente me ofreció muchas oportunidades de aprender los secretos del juego, las pequeñas cosas que descubres con la observación.”
Acerca de su protagonismo en Detroit, nos cuenta que nunca fue aceptado como uno de los suyos en esa ciudad, mayormente habitada por una población afro americana.
“Tú sabes que en los Estados Unidos cuando los latinos no son blancos, son negros, así que tengo ese sitio en la historia del béisbol en Detroit. Pero lo cierto es que allí me recibieron como dominicano más que como negro y la gente se sintió más satisfecha cuando a finales de ese mismo año de 1958, los Tigres adquirieron al gran Larry Doby en las postrimerías de su carrera.”
No obstante las circunstancias en que llegó a la Ciudad del Motor, Virgil rápidamente dejó allí una huella imborrable ya que en su primer partido en el Briggs Stadium se convirtió en el primer dominicano en pegar cinco hits en un partido de las Grandes Ligas al disfrutar de un día
perfecto de 5-5 el 6 de junio de 1958.
Al referirse a su impronta como primer quisqueyano en vestir un uniforme de las mayores, Virgil se remonta a su llegada a la Ciudad de los Rascacielos.
“Yo llegué a Nueva York a la edad de 13 años en 1947, un año antes de la tragedia de Río Verde. Mi padre se había ido del país en desacuerdo con el régimen de Trujillo y allí seguí jugando béisbol.”
“Estudié en la Escuela Secundaria Dewitt Clinton en el Bronx e ingresé a los Marines donde continué jugando hasta que pasé una prueba con los Gigantes de Nueva York en 1952”, continúa relatando.
“Pero no fui yo el primer firmado en Nueva York”, recuerda Virgil. “Ese honor le correspondió a Rudy Hernández, quien era un gran jardinero, y posteriormente se convertiría en el primer lanzador dominicano en las ligas mayores con los Senadores de Washington.”
Virgil no sigue muy de cerca el béisbol actual y sus momentos predilectos son los que pasa en su bote de 18 pies y motor fuera de borda disfrutando de la pesca de curricán. No obstante, saca tiempo para ver de vez en cuando uno que otro juego por televisión.
Y el periodista aprovecha para preguntarle: ¿quién fue mejor entre Barry Bonds y Willie Mays?
“Creo que, sin subestimar a Bonds, Mays jugó en una época superior del pitcheo en una liga reducida a ocho equipos; los conjuntos se veían con más frecuencia y las rotaciones de abridores eran muy fuertes. Tirar entonces a la cabeza era algo aceptado. Mays lo tuvo todo, el bateo, la fuerza, el fildeo, la velocidad, el brazo y el colorido.”
Otra pregunta casi obligada es ¿con quién se queda entre Marichal y Pedro Martínez?
“A Pedro hay que respetarlo por todos sus premios Cy Young y lo que ha hecho en estos años, pero la verdad dicha es que en cuanto a la calidad de los lanzadores de ahora, sólo están Pedro y unos cuantos más. En aquella época, Cleveland tuvo cuatro ganadores de 20 juegos y los Yankees tuvieron a tres. Si me tocara elegir entre Pedro y Marichal, los dos descansaditos para lanzarme el séptimo juego de una Serie Mundial, yo me iría con Juan con los ojos cerrados.”
Sobre estos temas hay mucha tela por donde cortar, pero de lo que no cabe dudas es de que se trata de la opinión autorizada de alguien con un aval incuestionable. Porque viene del único hombre que ha dirigido equipos en los cuatro circuitos de la Confederación del Caribe y que por una de esas cosas del destino –siempre Virgil en la línea de dirección de los batazos– está en camino de ser de nuevo el dominicano número uno.
Con José Virgil actualmente desarrollándose en las ligas menores, Osvaldo tiene vocación para convertirse en el único criollo padre y abuelo de dos bigleaguers.

MUY PRONTO, MAS SOBRE LA VIDA DE ESTE INMORTAL DEL DEPORTE

Director General: Dr. Ramón Emilio Helena Campos. Diseño y Construcción: COMPULAB-Centro de Asistencia Legal, calle Duarte 77, Montecristi, República Dominicana. Hospedaje: demontecristi.com.do Actualizada el Miércoles, 03. Septiembre 2008  

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